aprender a leer

El experimento de “llendo”: cuando corregir una palabra nos hizo olvidar el mensaje

Aprender a leer no consiste solamente en reconocer palabras. También significa comprender lo que hay detrás de ellas, prestar atención al contexto y tomarse el tiempo necesario para llegar hasta el final.

Ayer por el «día del maestro/a» en Argentina, hice un pequeño experimento en X.

No fue un experimento científico, ni necesitó instrumentos, mediciones ni un laboratorio.

Solamente necesité escribir una palabra mal.

Escribí:

“Hoy se festeja llendo de una facultad a la otra a dar clase…”

Sabía perfectamente que estaba mal.

Se escribe yendo.

Y justamente por eso lo hice.

Esperé.

Las respuestas comenzaron a aparecer.

Una detrás de otra.

“Profe, es yendo.”

“Se escribe yendo.”

“Es con y.”

Algunos fueron más rápidos todavía.

Detectaron el error, corrigieron y siguieron adelante.

Exactamente como esperaba.


Entonces publiqué un segundo mensaje:

“Pst, pst. Oiga, sé que es yendo; escribí llendo ex profeso para que arrojen su correspondiente curaré… y no me defraudaron.”

La trampa estaba descubierta.

Pero todavía faltaba la parte importante.


Había un tercer mensaje. Y ese tercer mensaje era un homenaje.

A mis maestras

Mientras manejaba entre una facultad y otra iba pensando en aquellas mujeres que me enseñaron las primeras letras hace ya unos sesenta años.

Mis maestras de la escuela primaria.

Las que:

estuvieron allí cuando las letras todavía eran un misterio y el cuaderno era un territorio por conquistar.

me enseñaron que no se dice “haiga”, sino “haya”.

me enseñaron que no se escribe “llendo”, sino “yendo”.

Pero, sobre todo, las que me enseñaron a leer.

Y ahí estaba la verdadera razón de aquel error deliberado.

Quería comprobar qué ocurría si colocaba delante de cientos de personas una palabra incorrecta.

Y ocurrió algo bastante interesante.

La mayoría vio la palabra.
Pocos buscaron el mensaje.


El francotirador de las redes

Las redes sociales tienen una característica particular: nos entrenan para reaccionar rápido.

Vemos algo que nos llama la atención, respondemos y seguimos bajando.

Una palabra mal escrita.

Una opinión que nos molesta.

Una frase con la que coincidimos.

Una fotografía.

Un título.

Un fragmento.

Disparamos.

Y seguimos.

X funciona especialmente bien para eso.

Es casi como un campo de tiro para opiniones: aparece el blanco, apuntamos y disparamos.

Mi palabra mal escrita fue un blanco perfecto.

Pero había algo detrás del blanco.

Y para descubrirlo había que hacer algo mucho más difícil: seguir leyendo.


La paradoja

Lo más interesante del experimento fue justamente la paradoja.

Quienes respondieron “es yendo” tenían razón.

Yo había escrito mal la palabra deliberadamente.

Me estaban corrigiendo exactamente como aquellas maestras que recuerdo de mi infancia.

En cierto modo, estaban cumpliendo el mismo papel.

Y eso me causó gracia.

Porque aquellas maestras me enseñaron a corregir las palabras, pero también me enseñaron algo muchísimo más importante:

a leer lo que había detrás de ellas.

Una palabra mal escrita no era solamente una oportunidad para poner una cruz roja.

Era una oportunidad para enseñar.

Una oportunidad para comprender.

Era una oportunidad para seguir adelante.


Aprender a leer también es aprender a detenerse

No creo que las personas hayan perdido la capacidad de leer.

Creo que muchas veces estamos perdiendo el hábito de leer hasta el final.

Y no es exactamente lo mismo.

La velocidad de las redes favorece la reacción inmediata.

El algoritmo premia el impacto.

El usuario responde al primer estímulo.

El siguiente contenido ya está esperando.

Y así, poco a poco, podemos terminar consumiendo información de la misma manera en que consumimos una golosina: rápidamente, sin detenernos demasiado a preguntarnos qué hay adentro.

Por eso un simple “llendo” puede generar más reacción que un texto escrito con cariño para recordar a quienes nos enseñaron a leer.

La palabra incorrecta provoca.

El homenaje necesita tiempo.

La primera consigue un disparo.

El segundo necesita atención.


Aprender a leer también es aprender a pensar

En EPF creemos que educar no consiste solamente en transmitir conocimientos técnicos.

Un buen técnico tiene que saber medir.

Tiene que saber observar. Saber hacerse preguntas. Saber distinguir una falla real de un síntoma.

Y, sobre todo, tiene que resistir la tentación de sacar conclusiones antes de tener toda la información.

Eso también es aprender a leer.

Leer un circuito, una señal, una medición, un manual, una falla, una situación.

Y también leer un texto.

Porque leer no es solamente reconocer palabras.

Leer es quedarse un poco más.

Es buscar qué hay detrás, entender el contexto.

Es no disparar antes de conocer el blanco.

A mis maestras les debo mucho más que una ortografía correcta

Muchas de aquellas maestras probablemente ya no estén en esta tierra.

Pero siguen presentes cada vez que escribo.

Cada vez que abro un libro, cuando corrijo una palabra.

Cuando explico algo a un alumno.

Cada vez que intento que alguien comprenda algo que antes parecía difícil.

Porque enseñar deja huellas que sobreviven muchísimo más que quienes enseñaron.

Hace aproximadamente sesenta años, ellas me abrieron una puerta.

Me enseñaron a leer.

Y esa puerta nunca más volvió a cerrarse.

Por eso el pequeño experimento de ayer terminó llevándome nuevamente hasta aquellas aulas de tiza, madera, guardapolvo blanco y paciencia.

La palabra era incorrecta.

El mensaje estaba escondido detrás.

Y quizás eso sea justamente lo que necesitamos recuperar:

la costumbre de mirar un poco más allá de la primera palabra.

Gracias a quienes detectaron inmediatamente el error.

Tenían razón.

Y gracias, especialmente, a quienes siguieron leyendo hasta descubrir por qué estaba allí.

Sin saberlo, todos ustedes terminaron formando parte del experimento.

Y a mis maestras, dondequiera que estén, solamente puedo decirles:

Gracias por enseñarme que se escribe “yendo”.

Pero, sobre todo:

gracias por enseñarme a leer.

Porque antes de que pudiera escribir estas palabras, estuvieron ustedes para enseñarme a leerlas.


Ing. Pedro J. Mihovilcevich
Director — EPF | Electrónica Para el Futuro

“Cada componente en su lugar. Cada alumno con un oficio.”


4 comentarios en “El experimento de “llendo”: cuando corregir una palabra nos hizo olvidar el mensaje”

  1. Hola Profesor.
    Una nota muy sabia, la que has escrito hoy, que traduce un merecido homenaje y a la vez un gran legado.. Si tus maestras se asomaran por alguna ventanita del cielo, estarían muy orgullosas de haberte corregido.
    Dicen, que el buen maestro no busca discípulos eternos, sino personas capaces de ir más allá de lo que él mismo alcanzó.

    1. Dra. hoy con el paso de los años, entiendo y justifico plenamente su forma de enseñarnos.
      Y sé que especialmente «una de ellas» me guiña un ojo con el pulgar alto en señal de aprobación.
      Que grandes mujeres que nos tocaron como maestras!

  2. Marta Ofelia Zárate

    Siempre te lo digo «sos» maestro todo el tiempo. No podés alejarte de tu necesidad de educar. En cada acto tuyo está esa energía para transmitir lo que sabés, para analizar al otro y ajustar tu mensaje formativo. Tus intervenciones son siempre en ese sentido. Conseguir que el otro crezca y mejore.

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