
La obsolescencia programada es una estrategia industrial que consiste en diseñar productos con una vida útil limitada de forma deliberada, de modo que fallen o queden obsoletos antes del tiempo que podrían durar realmente. Esta práctica afecta a miles de millones de dispositivos y bienes de consumo, desde electrodomésticos hasta productos electrónicos modernos, generando impactos económicos, ambientales y sociales.
¿Qué significa “obsolescencia programada”?
En términos simples, la obsolescencia programada ocurre cuando un producto está diseñado para dejar de funcionar o resultar poco útil tras un período específico, incentivando al consumidor a comprar uno nuevo. Esta limitación puede ser técnica (componentes que fallan), funcional (incompatibilidad o falta de actualizaciones) o estética (productos “pasados de moda”).
Historia breve del fenómeno
Aunque componentes electrónicos antiguos a veces duraban décadas, con el tiempo se introdujeron prácticas y acuerdos entre fabricantes para acortar la vida útil de productos como bombillas, radios y otros dispositivos. Esto llevó a un modelo de consumo acelerado que favorece la rotación constante de bienes.
¿Cómo se aplica en productos tecnológicos?
La obsolescencia programada se manifiesta con frecuencia en tecnología moderna, por ejemplo:
- Baterías no reemplazables en teléfonos o portátiles, que deterioran la funcionalidad del dispositivo.
Falta de actualizaciones de software que vuelve un producto inseguro o incompatible con aplicaciones recientes.
Electrodomésticos difíciles de reparar o con piezas caras que desincentivan su reparación.
Ventajas y desventajas desde diferentes perspectivas
Punto de vista industrial
Para fabricantes, planificar la vida útil de un producto puede ayudar a sostener la demanda y la rentabilidad del negocio. Esto mantiene la producción, la innovación continua y la oferta constante de productos nuevos.
Punto de vista del consumidor y el ambiente
Desde la mirada del consumidor y la sostenibilidad, esta práctica tiene consecuencias negativas claras:
- Gasto constante en reemplazos frecuentes.
Acumulación de residuos electrónicos, que requieren gestión especializada para minimizar impactos.
Desperdicio de recursos naturales y mayor huella ambiental.
¿Se puede “salvar” un producto?
Muchos dispositivos diseñados con obsolescencia en mente todavía pueden funcionar más allá de su vida útil planificada si se reparan o se les da mantenimiento adecuado. Esta realidad pone en valor los oficios técnicos, la electrónica aplicada y el aprendizaje práctico de reparación, que permiten extender la vida útil de artefactos que de otra forma terminarían en la basura.
¿Por qué es un tema relevante hoy?
En un contexto donde el consumo de dispositivos tecnológicos crece, la obsolescencia programada se vuelve un tema central para debates sobre consumo responsable, derecho a reparar y economía circular. Las iniciativas de etiquetas de reparabilidad y normas que exigen mayor durabilidad son ejemplos actuales de respuesta a este fenómeno.
Muy buena explicación para entender que se puede trabajar en lo ecológico, reparando artefactos y no tirándolos a la basura. Los Estados no están consustanciados en políticas ambientales que contemplen la reutilización de materiales. Y es bueno recordar que «todos» vivimos adentro de un globo muy chico y que «todo» lo que se hace en algún lugar puede tener graves consecuencia en otro.
Me gustó el análisis!